domingo, 10 de octubre de 2010

UN DELANTERO IMPARABLE


Este texto con algo del anecdotario de Carlín Calvo como figura destacada del equipo de los galanes lo incluí en mi libro Canilleras en el alma.

Carlos Andrés Calvo alimentó fama de crack por sus extraordinarias apariciones en el popular cuadro de partidos a beneficio conocido como El Equipo de los Galanes –solían desempeñarse en él Miguel Angel Solá, Ricardo Darín, Darío Grandinetti, Jorge Mayorano, Adrián Martel y Carlos Olivieri, entre otros famosos intérpretes -y por la dedicación que le puso después a difundir esos logros deportivos. De gran porte y buen tranco, zurdo, hábil y encarador, propietario de una exquisita pegada, demostró picardía para exaltar esas cualidades.

Durante muchos años una de sus principales diversiones era agasajar a sus flamantes conocidos y sorprender a la gente con la que se encontraba en la vida con la filmación –con relato de Oscar Gañete Blasco- de su gol maradoneano en el Estadio Mundialista de Mar del Plata ante los ojos incautos de César Luis Menotti, altamente sorprendido en uno de los bancos.
También hizo uso y abuso de un encuentro mágico de rabonas y goles con Diego Maradona en un cotejo mañanero en cancha de Atlanta.
Carlín entonces era aclamado por las chicas que reventaban las boleterías en sus apariciones deportivas en distintos puntos del país y por varios allegados al fútbol que veían en su capacidad, proyección. En una etapa de miseria absoluta de Boca, en la que se corrió la voz que Hugo Porta iba a dejar el rugby para ponerse la camiseta del club de sus amores dada las necesidades del equipo y sus extraordinarias aptitudes –también- para la redonda, llegó a filtrarse como chimento que además sería probado Calvo. Otra vez, alguien sugirió que podía llegar a vestir la camiseta de Deportivo Morón –la imaginación, evidentemente, a veces no descansa y a estas dos pruebas nos remitimos- mucho antes de que se lo candidateara como posible Intendente de ese distrito. Y ya maduro como deportista, cuando protagonizó RR.DT, se le ofreció hacerse cargo de la dirección técnica de Excursionistas.
Pero en la intimidad, Carlos afirma que no fue tan espectacular como se creyó. Que más allá que lo apasionaba el fútbol, dada la necesidad que tenía de destacarse, utilizaba tretas para aparecer impecable en cada presentación. Con su estilo atorrante y canchero, horadaba defensas a las que no les gustaba ni medio ser vulneradas por carilindos amados por las chicas, con un método teatral. Comenzaba desde el minuto cero a persuadir a los distintos integrantes de la última línea a que lo dejaran convertir un gol porque era algo que precisaba por un tema de imagen. Iba uno a uno sin que el otro marcador se enterara con la tarea de desgaste psicológico y pese a la reticencia inicial, con simpatía y poder de convencimiento, o generaba alguna grieta consensuada o los mareaba tanto con sus discursos y plegarias que se distraían y podía sacar un haz de luz. Lógicamente, más allá de prebendas, luego resolvía con sabiduría y precisión.
La costumbre se repetía una y otra vez. Y rendía sus frutos.
En cierta ocasión, la formación de actores llegó a disputar un encuentro benéfico a la localidad de Bragado. Carlín Calvo no tenía chances de jugar ese desafío porque se encontraba haciendo gira y ese sábado a la noche debía hacer función en un sitio alejado. No había posibilidades materiales de hacer las dos cosas pero era tanto el fanatismo de Calvo que estudió milimétricamente la organización de ambos acontecimientos y descubrió que con un operativo de emergencia estaba en condiciones de jugar los primeros quince minutos ante los bragadenses.
No les dijo nada a sus compañeros, ni de la necesidad de irse temprano, ni de la forma en que iba a hacerlo. Entró como siempre luciendo el número diez y con la obsesión de hacer un gol pronto para retirarse como un héroe. La cancha estaba repleta y esa circunstancia animaba aún más el apetito goleador de Carlín. El partido era duro, a cara de perro, y los locales no querían ser doblegados por los famosos. Su cuarto de hora expiraba y Carlos Andrés Calvo comenzaba a alterarse. Con mucho carisma fue por la seducción dialéctica de los marcadores centrales y con una sanata conmovedora hizo que los rudos e inconmovibles zagueros, aceptaran ablandarse en una maniobra. La aprovechó Carlín que en el instante en que se agotaba su tiempo, utilizó esa ventaja y señaló con un disparo certero el 1-0. Salió a gritar el gol con todos sus compañeros detrás, encabezados por Darín, y el pique de festejo fue tan potente que les costó seguirlo. En el medio de la carrera la sorpresa de los compañeros de equipo del cañonero fue absoluta porque Calvo no sólo los aventajó sino que, una vez que pasó por detrás del arco, superó el vallado perimetral y ganó la calle donde los otros actores claudicaron porque un remise, con las puertas abiertas, esperaba al goleador que se zambulló dentro. Nadie entendía nada y menos cuando a pocos metros divisaron que el vehículo depositó al galancito en un helicóptero, desde donde al elevarse, sonriente y agrandado, seguía gritando de manera estelar su golazo con ayudín. Nadie lo pudo parar.

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