
Los últimos rayitos de la melancolía se filtran por las hendijas cara sucia de la persiana. Un aire de domingo sacude las sábanas y aquella demanda de Capitán Piluso que tantas veces nos hacen y nos hacemos llega del brazo del aroma a café profundo de la casa del vecino. Corto sin arte un tramo de El Plomero del Titanic en el que Piluso navegaba por nuestros humores, nuestros olores y nuestros silencios.
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